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Conduce tu vida
La tarde está hermosa y vas conduciendo en tu auto súper limpio y equipado hacia tu anhelado destino: tu retiro de montaña, la playa de tus sueños o, simplemente, tu propia casa luego de una larga jornada de trabajo. Conoces el camino, tu visibilidad es total y tu confort, pleno. Tu ropa es cómoda y, además, te hace lucir bien. En los parlantes suena tu música favorita y tu copiloto y tú vibran en perfecta armonía. Antes de que lo pidas siquiera, esa persona te alcanza lo que sea que estés necesitando: un trago de agua, el cambio para pagar el peaje, una merienda, un café. Tal vez hay alguien más que viaja con ustedes: hijos, amigos, mascotas. La alegría está en el aire, pero en tu caso esa sentimiento viene acompañado de una gran responsabilidad, la que implica el hecho de estar al mando de todo esto. Sin embargo, no existe nada que pueda alterar tu paz interior y avanzas con confianza porque te encuentras anclada en un estado que trasciende todas las vicisitudes de la vida y las convierte en oportunidades para crecer.
Un auto es un objeto en movimiento. Una casa, en cambio, es una estructura pensada y hecha para perdurar en el tiempo sin cambiar de sitio. Pero esa sensación de seguridad total y mando no forzado que acabo de describir es exactamente lo que pretende despertar en nosotros el Feng Shui.
La idea del cuerpo como vehículo – traje, envoltura, caparazón – que nos permite adaptarnos y atravesar la experiencia de estar vivas data de hace muchos milenios, y se encuentra expresada en muchas culturas. Más recientemente, al abordar el tema del hábitat del ser humano, la permacultura urbana o de pequeña escala ha señalado el cuerpo físico como la Zona 00, la casa como la Zona 0, el jardín o huerta como la Zona 1, los espacios vecinales como la Zona 2, etcétera. Según esta lógica, la casa vendría a ser una envoltura o piel que recubre al cuerpo y es, por ende, su extensión. No resulta, entonces, descabellado pensarla también como vehículo: la casa como estructura que nos recubre y protege al tiempo que nos lleva, ¡aunque de manera bastante menos evidente que un auto!
Lo mismo aplica, sabemos, al planeta Tierra, que es nuestra casa y, al mismo tiempo, la nave que nos transporta en un viaje vertiginoso y perpetuo cuyo alcance apenas alcanzamos a vislumbrar.
¿Sabías, por cierto, que así como estás, sentada y sin dar un paso, estás viajando a unos 107.000 kilómetros por hora a través del espacio profundo?
Visto así, el objetivo central de todo trabajo de Feng Shui es que el sujeto se adueñe a fondo de su hogar, personalizándolo y optimizándolo al máximo para que este viaje sea cada vez más gozoso. Y es en este sentido que vengo a ofrecerte tres consejos prácticos para que puedas comenzar a aprovecharlo desde ya.
1) Ten siempre una superficie amplia y firme a tus espaldas: así como un buen asiento te hace sentir más estable y cómoda al manejar, una buena cabecera en tu cama o una silla ancha en tu escritorio son ideales para respaldar tus metas y protegerte de enemigos ocultos.
2) Mantén tu campo de visión despejado: no podemos manejar por una carretera con un vidrio empañado, ¡a menos que queramos chocar contra un poste! Así mismo, en casa es necesario mantener despejadas ciertas áreas clave: aquellas que representan tu visión y perspectivas de futuro. Las más importantes: la zona frente a tu puerta de entrada y salida, el área que está frente a tu sillón principal en la sala de estar y el frente de tu espacio de trabajo – por eso el Feng Shui recomienda ubicar el escritorio de espaldas a la pared, no frente a ella.

Esta disposición tipo fortaleza o trinchera del entorno inmediato - como la de Al Pacino en El Padrino - es cada vez menos común hoy en día. Abundan las paredes vidriadas a nuestras espaldas y arreglos flexibles que permiten más de un uso. ¿Qué le ha ocurrido a nuestra idea pasada de "seguridad”? - ¡Mas sobre este tema en la próxima entrega!
3) Cuida tus laterales: traslada esa puerta segura y ese gran apoyabrazos de tu auto ideal a todas las áreas donde suelas pasar más de 15 minutos seguidos. En el dormitorio, pon mesitas de noche a los lados de la cama. En la cocina, usa elementos para impedir que la energía se fugue hacia los costados. Lo mismo en el escritorio y en el living.
Cubrirse la espalda, despejar el frente y tener apoyos a los lados, una estrategia simple pero efectiva para adaptarnos a la realidad de que, haya o no guerra en nuestro entorno inmediato, la incertidumbre y los riesgos son parte inherente de viajar, ¡y más vale proteger, prevenir y preparar que ser tomada por sorpresa! Con esta fórmula básica puedes empezar a readueñarte de tu Zona 0 y, por ende, de tu energía, ese soplo vital que a veces se nos escapa de formas sutiles sin que entendamos bien por qué.
(Más sobre otras formas de atesorar y cultivar el Qi en una próxima entrega).
Mi deseo sincero es que puedas aprovechar estos consejos y, si lo sientes, ¡los hagas llegar también a otros!
Feliz feliz luna llena, amiga, amigo… ¡y hasta pronto!
Vero