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La cabaña de la bruja

Donde todas las magias se juntan

Estimada, estimado, espero que te encuentres muy bien y que la luna llena en Sagi de hace tres días te haya encontrado soñando inspiradas bellezas y felicidades. Espero también que el friíto externo esté despertando en ti ese fueguito interno tan necesario, ese que nos templa y nos conecta con nuestra auténtica esencia. O, si estás en el hemisferio norte, o cerca del trópico, ojalá que el calor externo esté disolviendo tus fríos internos, derritiendo el hielo acumulado, los miedos, los prejuicios, las dudas… para que el agua pueda fluir, penetrar en la tierra, reavivar las plantas de tu creatividad y liberar las sonrisas que yacen, cual flores o mariposas, en el seno de tu espíritu.

Cada lugar y momento tiene su magia única. ¡Y pobre de aquella, o de aquél, que no pueda sentirla y danzar a su ritmo! Ya que ese ritmo es el latido mismo de lo que somos… o vamos siendo, día a día.

La semana pasada estuve de nuevo por Buenos Aires ciudad, asistiendo a un seminario de masaje en la Casa del Vuelo, comprando insumos en Liniers y visitando a mi hijo, todo lo cual me impidió grabar reels o sentarme a escribir sobre lo que tenía planeado para esta entrega. Sin embargo, también tuve la suerte de toparme con un librito que el brujo y autor estadounidense Scott Cunningham escribió con un amigo cercano, David Harrington. The Magical Household (La casa mágica) y es una obrita breve pero jugosa, llena de humor, consejos, hechizos y reflexiones que integra diferentes tradiciones, desde los ritos de la Inglaterra del siglo XVII hasta el feng shui, y nos ofrece un recorrido por todos los espacios del hogar, sus potencialidades y funciones. No es un libro de feng shui tradicional, pero enriquece y amplía nuestra visión al mostrarnos la universalidad de ciertos principios. Quizá por eso se me ocurrió la idea de ofrecerte una traducción propia de la Introducción del libro y, si hay interés, ir compartiendo capítulos subsiguientes por entregas, como anexos a este newsletter. Así que, ¡aquí va! Espero que lo disfrutes y al final ME DIGAS si te gustaría seguir leyendo conmigo a Cunningham.

¡Buena lectura!

 

Ə

 

 

Fragmento de La casa mágica, de Scott Cunningham y David Harrington

Introducción

La cabaña de la bruja se encontraba al final del bosque, donde la maleza exuberante, las hierbas silvestres y las zarzas formaban un laberinto espeso entre robles antiguos, pinos y espinos retorcidos. Un sendero de adoquines musgosos serpenteaba a través de parches de follaje verde y gris, mientras que alrededor de las hierbas, flores más familiares de tonos arcoíris se mecían dulcemente en la brisa perfumada de rosas. Un cubo de madera se columpiaba sobre el pozo de piedra, que estaba ampliamente protegido contra la contaminación por las estrellas y espirales profundamente talladas que lo rodeaban.

Un dragón con una garra levantada volaba sobre la casa, girando con el viento mientras cabalgaba sobre una flecha de hierro forjado. La veleta guiaba a la hechicera que vivía en la cabaña en asuntos que iban desde cronometrar hechizos hasta adivinar el futuro. Junto a la puerta redonda de la cabaña florecía un serbal, brillantemente salpicado con racimos de bayas pulidas. Desde la chimenea de ladrillo se elevaba una columna de humo en espiral, esparciendo un aroma sutil a madera de manzano que se arremolinaba entre la niebla.

Al cruzar la puerta reforzada con hierro se penetraba en un espacio cálido y acogedor cuyo aire estaba impregnado de esencias exóticos y el zumbido de fuerzas benéficas. Sobre la puerta, una herradura clavada con las puntas hacia arriba impedía la entrada de cualquier fuerza dañina.

Al otro lado de la sala, hierbas punzantes destinadas a la preparación de pociones y brebajes colgaban secándose de las vigas; las raíces, en cambio, se encontraban ordenadamente dispuestas junto a la chimenea. Los bronces de caballo reflejaban el fuego resplandeciente a lo largo de la pared de ladrillo frente al hogar. Lunas crecientes, estrellas, grifos y soles ardientes originalmente diseñados para proteger caballos añadían su magia a cada rincón del hogar.

La comida se bendecía antes de cocinar. Las camas estaban situadas de este a oeste. Una escoba yacía en el suelo frente a la puerta. Una bolsa de hierbas colgaba de la silla con un cordón rojo. La vida dentro del hogar era arcana por naturaleza. La dueña de la casa, una estudiante de magia, veía su poder operando desde que se levantaba con el sol hasta que caía exhausta después de un día de hilar y tejer, cocinar, cosechar hierbas, limpiar, contemplar, bendecir y lanzar hechizos.

Así podría haber sido el hogar mágico del pasado, cuando la gente aceptaba como reales los encantos curativos, hechizos, pociones, espíritus del hogar, magia herbaria, brujas, magos y fantasmas. Ninguna parte de la vida cotidiana quedaba intocada por lo invisible. Todos los aspectos de la existencia estaban impregnados de ritualidad y tradición

Las estructuras que albergaban y protegían a estos pueblos antiguos eran más que ladrillos, cañas o troncos. Las casas eran centros psíquicos, pozos de energía protectora en los que las familias vivían para protegerse contra los peligros de la vida cotidiana. La casa también era un santuario a la deidad de la vida misma. Su techo y paredes servían como escudo contra los efectos de elementos tanto físicos como inmateriales, y mantenían dentro la suerte, espíritu o energía del hogar, mientras que su puerta protegía contra intrusiones no deseadas. La casa sostenía la vida. Era sagrada y poderosa.

Hoy, sin embargo, hemos perdido nuestra reverencia mística por nuestros hogares. Incluso quienes nos sentimos llamados a recorrer los caminos olvidados de la magia a menudo fallamos al no reconocer sus poderes e influencias trabajando en nuestras vidas cotidianas.

Afortunadamente, no es difícil crear un hogar mágico, modelado de acuerdo a los rituales antiguos. No necesitas mudarte a una cabaña en medio de un bosque o a un castillo húmedo en la cima de una montaña. Tu propio hogar servirá, ya sea un apartamento tipo estudio abarrotado de objetos o una casa rodante triple extendida, porque un hogar mágico es simplemente aquel en el que la casa está sintonizada con los ritmos y energías de la naturaleza. Tampoco necesitas convertirte en bruja o mago para poner tu hogar en sintonía con la magia eterna, ni debes cambiarte de sendero espiritual, si es que tienes uno. Si vives con otros, familia, pareja o compañeros de cuarto, ellos pueden participar en la magia del hogar o no, según lo prefieran.

Si, mientras lees o escuchas este libro, algo te llama la atención, pruébalo. Esta no es una historia académica de cabañas místicas, sino una guía práctica para transformar tu vida y tu espacio vital. Con un mínimo de tiempo e imaginación, incluso en el hogar más moderno se puede cultivar algo del aura de las cabañas encantadas del ayer.

Tampoco es necesario que le des la espalda a nuestro mundo, ni que te adhieras servilmente a modos de pensar antiguos. Lo que sí podemos hacer es a tomar pistas del pasado y crear una atmósfera de armonía, seguridad, espiritualidad, protección y romance en nuestros hogares. Los beneficios—una existencia más feliz, protección contra ladrones, salud mejorada, sueño reparador, experiencias espirituales satisfactorias y un ambiente perfecto para la magia positiva—superan con creces los gastos menores de tiempo, dinero y energía.

Crear un ambiente seguro y mágico en nuestros hogares significa crear un escape de la realidad demasiado física de un mundo que le ha dado la espalda al lado espiritual de la vida. Un hogar puede convertirse en un capullo meditativo de energía positiva que brinde refugio de la atmósfera tormentosa de nuestro mundo.

Pero el hogar mágico no es solo una fortaleza. También es un lugar donde se reconoce y celebra la magia de la vida a través de ritos y hechizos imperecederos. Incluso si no vivimos en una cabaña inglesa del siglo XVII, en una choza de caña a orillas del río Éufrates, o en un árbol hueco del Nuevo Bosque, podemos crear un lugar que reconozca y explore las realidades físicas y espirituales, llenando nuestras vidas de asombro y emoción. Solo nosotros podemos tomar y ejercer el control sobre nuestro ambiente hogareño.

Así como el mago usa varita y hechizo para cambiar el mundo, también nosotros podemos transformar nuestros anodinos apartamentos y nuestras casas diseñadas en serie en versiones satisfactorias de las moradas mágicas de antaño. Podemos hacerlo tomando ideas del pasado y aplicándolas hoy para que nuestras vidas se llenen de mañanas de encanto.

 

Ə

 

Si te gustó este fragmento de La casa mágica y quieres seguir leyendo en entregas futuras de esta boletín, ¡déjame saber!

 

¡Salud!

Vero